Plancentas...

Aunque la pequeñaja de la familia va a hacer un añito, aún no he transcrito su relato de parto ni he escrito el del mayor, que acaba de hacer 4 añazos. Pero sí hemos hecho alguna que otra cosilla con las placentas y cordones umbilicales y, dado que es un tema poco conocido aquí en España pero muy interesante, le voy a dar prioridad para que quien le interese sepa qué hemos hecho en casa con ellas.

Lo primero es comentaros que, dado que ambos niños nacieron en casa, no fué ningún problema el hacernos con las placentas: nadie se las llevó ni hubo que pedir permisos para acceder a ellas. Simplemente, estaban.
La de Sancho la usamos para hacer estampaciones en papel y, después, decidimos guardarla en el congelador para plantarla junto a un árbol. Su cordón umbilical también lo congelamos y, gracias a un libro ("La Placenta: el Chakra olvidado", de Robin Lim) que conocí poco antes de mi segundo parto, decidí hacer un atrapasueños con él. Fué una experiencia muy bonita porque, aprovechando que venían para una visita antenatal, las matronas, que también son mamás, también se animaron y pasamos una tarde y parte de la mañana siguiente diseñando y preparando cada una un atrapasueños con su respectivo cordón.

En el segundo parto, gracias al libro que comentaba antes, decidí que fuese un Nacimiento Lotus, es decir: dejar el cordón sin cortar y esperar a que se desprendiese por sí mismo. Ésto es algo que me había quedado con ganas de hacer en mi primer parto pero al final me lo habían quitado de la cabeza pero me pareció que TENÍA que hacerlo. A las pocas horas de haber nacido la bebé, me entró la angustia de que era más engorroso y me dieron ganas de cortarlo peeero una de las matronas me animó a seguir adelante con mi decisión y me ayudó a preparar la placenta (limpiarla, secarla, echarle sal...). Me alegro muchísimo de haber continuado con ello. En las primeras 48 horas, cuando las matronas ya se habían ido, fué mi madre quién se encargó de cambiar las gasas a la placenta y echarle hierbas y más sal. El hacerlo era casi un ritual. A partir de que nos quedamos sin visitas en casa, la cosa se normalizó y se cnvirtió en una tarea más: sencilla y que, a día de hoy, me parece que SÍ merece la pena y que repetiría sin dudarlo.
El cordón se desprendió al quinto día de haber nacido la niña. En ese momento estaba cambiándole el pañal y, al soltarse, sin llorar, miró a su alrededor y pareció que acabase de "despertarse". Como si ahora sí fuese más consciente. Para que os hagáis una idea de la sensación, al instante le di la bienvenida, como si realmente acabase de llegar.

Al salir la placenta, habíamos hecho también impresiones en papel y, una vez que acabamos, cogimos unos trocitos (cotiledones) para preparar un batido. Lo prepararon las matronas, con naranja y mango, y sabía a batido de fruta, sin más. Igual no tuvo que ver... o igual sí: en este parto la recuperación (psicológica, física, las ganas, los ánimos...) fue increíblemente rápida y me sentí genial.

Cuando el cordón se separó, preparamos la placenta según una receta del libro de "La Placenta...": primero la cocimos al vapor, la secamos con el deshidratador y después la molimos para encapsularla (salieron unas 150-180 cápsulas). En la tarea participaron varios familiares, asi que también tuvo su componente personal lindo. Al principio tomaba una píldora con cada comida pero, a medida que me sentía más recuperada, me olvidaba de ellas y sólo tomaba cuando tenía un día de bajón.


 Comprobando que todo está bien, con la placenta aún sin preparar
 La placenta ya limpita
 Impresiones de la placenta del segundo parto
 Tomando batido de fruta y placenta


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